Ayer me pasé por una tienda de discos, algo raro hoy en día dada la extrema facilidad para comprar discos por Internet a buen precio sin mover poco más que el dedo. Más concretamente estuve de visita por Discos Revolver, una de las míticas tiendas de la calle Tallers de Barcelona; allí mi objetivo era hacerme con el nuevo disco de Moonloop, pero ya que estaba aproveché y le eché un ojo a las estanterías, a ver qué pillaba. El resultado de la compra no está nada mal.
No he escuchado nada de Moonloop todavía. En serio. Llevo años oyendo hablar de ellos, me los han recomendado varios amigos y en algún momento he oído cosas suyas, pero ahora mismo va a ser como si no los hubiera oído jamás. Tengo bastantes ganas de descubrir a este grupo que se promociona como afín a Opeth…pero con un completo guitar hero como motor. Eric Baule, a quien conozco en su faceta de guitarrista virtuoso gracias al grupo con su mismo nombre en el que toca Isam, es un reclamo para cualquiera a quien le guste la guitarra a saco. Compartir teclista en nuestros respectivos grupos también ayuda – la endogamia típica de las bandas noruegas nunca es mala cosa, al igual se nos pega algo.
La siguiente compra fue un valor seguro: The Great Escape es probablemente uno de los discos que he escuchado más veces en mi vida. Hubo un momento de mi preadolescencia en el que escuchaba Blur a todas horas y la cinta en la que tenía grabado este disco, que seguramente ronda todavía en algún lugar de mi casa, debe estar hecha unos zorros de tantas vueltas que le metí. Me gusta tenerlo por fin en casa, es como reencontrarse con un viejo amigo de toda la vida a quien hace mucho que no ves.
Radiohead son un gusto recién adquirido. Después de tantos años dándoles oportunidades (no había forma de escucharlos y que me llamaran la atención lo más mínimo) hubo un día hace un par de meses que OK Computer, repentinamente, me funcionó. Supongo que estas cosas son así. El caso es que ha pasado de la nada más absoluta a parecerme un disco brutal, especialmente bueno para incitar a la depresión más absoluta; creo que no se lo descubro a nadie a estas alturas, pero nunca es tarde si la música es buena.
Algo absolutamente desconocido: hace unos ocho años me pasaron un tema de Lagartija Nick por el MSN. Vaya tiempos, con los mp3 en la carpeta de Mis Archivos Recibidos, mezclados, cómo no, con toda clase de fotos de dudosa factura artística (choteras y mamellacas, vaya), documentos del Word con recopilatorios de los mejores 250 chistes machistas y juegos flash. Lo normal. Como iba diciendo, me pasaron un tema de Lagartija Nick que ahora ni recuerdo – me gustó, pero ahí quedó. Desde entonces ná de ná hasta que me encontré con este disco, lo cogí, miré la contraportada y leí la historia de la creación del disco, centrado en la figura y trabajos de José Val del Omar, el cual era, y cito, “(…) una especie de Leonardo Da Vinci, poeta, cinemista, desarrollador y creador tecnológico (…)”. La cosa se explica un poco más, pero esencialmente es eso.
Y este no lo he comprado, me lo ha regalado el bajista. The City’s Last Noise es (más bien fue, puesto que se han disuelto hace un tiempo) el grupo de un par de amigos que estuvo cerca de dar el salto pero que, por unos u otros motivos, al final no lo hizo. Una vez más cito, esta vez una crítica de uno de sus conciertos de la que siempre nos reímos en la que los describieron como “una mezcla entre los Linkin Park más duros y los Mars Volta más accesibles”. Jorge, si lees esto, corrígeme si me he equivocado citando. El caso es que en una ocasión pude verlos en directo, si no me equivoco en su último concierto, y me gustaron mucho. Con este disco cierro el listado de música que, mientras escribo esto, se va pasando a mi ipod para entretenerme en estos días de espera.
Como habréis notado, no paso mucho por aquí: estoy preparando un disco y hay cosas que dejar de lado. Es por una buena causa. Podéis escuchar alguno de estos discos igualmente, creo que son un entretenimiento tan bueno o mejor como leerme.






