
Ayer, lunes 15 de Septiembre, nos dejó Richard Wright, miembro fundador de Pink Floyd y teclista de la banda a lo largo de prácticamente toda su historia. De acuerdo con el comunicado publicado por su familia, una breve lucha contra el cáncer (no han especificado el carácter del mismo) ha sido la razón de su muerte a los 65 años. Poco se puede decir acerca de este suceso, pero se puede hablar largo y tendido acerca de su carrera musical y la importancia que ha tenido a lo largo de múltiples generaciones.

La historia de Pink Floyd abarca treinta años (de 1965 a 1995), aunque en momentos puntuales se dieron una serie de reuniones del grupo que no trascendieron en nuevos discos ni giras. A lo largo de este tiempo la banda revolucionó el mundo musical con una serie de discos que profundizaban en la psicodelia, en el rock, en lo sinfónico y en lo etéreo, dejando un legado incomparable. La influencia de discos como Meddle, Dark side of the Moon o Animals, por citar algunos de mis favoritos (poco a poco todos lo van siendo), es algo innegable si echamos un vistazo a la música posterior a la banda.

Lamentablemente todo tiene un final y con la muerte de Rick Wright el recuerdo de los integrantes de la banda se va diluyendo, uniéndose a la muerte de Syd Barrett, acontecida en 2006. Por suerte la persistencia fÃsica no es un requisito para ser recordado, y es en su legado musical en lo que la memoria de Rick Wright permanecerá vigente con el paso del tiempo. Su trabajo en Pink Floyd, aparte de sus proyectos alternativos a la banda que cosecharon un éxito Ãnfimo en comparación, es el mejor epitafio que puede dejar este gran músico.

Todo momento es bueno para escuchar a un músico excelente en una banda sencillamente de otro planeta, pero hoy más que nunca recomiendo coger cualquiera de los discos en los que participó y rendirle un sencillo y sentido tributo: disfrutar de su música es lo mejor que podemos hacer para recordarle.










