Banda: Dream Theater
Género: metal progresivo
Web: DT
Lugar: Palacio de los Deportes
Precio: 37.5€ entrada general
Venga, empiezo directo para el que tenga pocas ganas de leer hoy y pueda pasar a las fotos o a lo que sea: Dream Theater son el mejor grupo existente sobre la faz de la Tierra, el concierto de este sábado no pertenece a la categoría “Conciertos Dados Por Seres Humanos” y aquel que diga lo contrario debería estar muerto. Hale, ya está, podéis dejar de leer xDDDDD.
Ahora en serio, llevo varios días con la cabeza perdida, pensando si acaso el concierto de Atarfe en el que estuvimos mi hermano y yo y del que salimos gilipollas perdidos por la impresión no fue sino un simulacro, un entretenimiento tonto del grupo. Parece mentira pero pensándolo días y meses después y en comparación con lo visto este sábado no puedo evitar verlo un poco así. Vale, no había pantallas, ni semáforo, ni hormigas gigantes, pero joder, es que este concierto ha sido acojonante.
Muchas horas de cola nos permitieron a mí y a mis acompañantes (entre los que se encontraba FCK, dueño y señor de PisitoenMadrid) situarnos en segunda y tercera fila, en posición perfectamente centrada, lo que nos aseguraba poder ver a la perfección todo lo que ocurriera sobre el escenario. La diferencia en unos cuantos metros puede arruinarte el concierto, merece la pena hacer cola las horas que haga falta, la verdad. El caso es que estábamos perfectamente colocados, nada cansados, y con ganas de marcha, por lo que cuando una hora después salieron Symphony X los acogimos con ganas, sobre todo yo, siempre tan pragmático: “cojonudo, si cuanto antes salgan mejor, así podremos ver a los importantes mucho antes“.

No me esperaba gran cosa de S-X: un grupo que en sus discos me aburre un poco, sobre todo por el maldito sonido de guitarra de Michael Romeo: que sí macho, que tocas de lujo, pero siempre acabas haciendo lo mismo y el efecto que pones en los solos hace que parezca el organillo de la música de combate del Final Fantasy VII a toda pastilla. Por suerte salieron con ganas, así que el concierto no estuvo mal, salvo por la terrible actuación de su técnico de sonido: al parecer llevan toda la gira sonando fatal, por lo que les propongo ejecución inmediata en la plaza del pueblo y poner el cadáver a disposición del populacho, porque un grupo de estas características no puede sonar mal, punto pelota.
A destacar el batería, que me gustó bastante (le ponía ganas el cabronazo) y sobre todo el gran Russell Allen, un portento de voz que en directo se deja la piel y, si puede, se deja también el teléfono, que fue lo único que le faltó darle a la chica que estaba justo delante nuestro en el público: la pobre María fue objeto de docenas de guiños, de sonrisitas y de bromas de Russell, que animó muchísimo a la gente haciendo el payasete, chapurreando un español bastante aceptable y en general calentando al público de forma admirable. Lo mejor de los Symphony, la verdad. Eso sí, después de este concierto los seguiré escuchando, fuera ya del habitual “nah, me pondré un par de discos para no perderme en su concierto“.
Aquí está el héroe del momento, el corazón de Symphony X sin duda alguna.
Pues eso, los chavales dejaban al público calentito y con relativo buen sabor de boca, pero estas cosas son lo que pasa: te lo curras, sales como debe hacerlo un buen telonero, que es salir a matar para que la gente se siga acordando de tí al terminar el concierto, ¿y qué pasa? Que en cuatro canciones de Dream Theater todos nos habíamos olvidado de la existencia de Michael Romeo, de Russell Allen, de Symphony X en particular y de cualquier otro músico en general.
El semáforo que colgaba de los focos delanteros, que durante todo el intermedio estuvo en rojo, se puso en ámbar para dar paso a la banda sonora de Psicosis. La gente como loca, pero cuando el semáforo pasa al verde y aparecen en escena entonces todo el estadio se viene abajo: entonces es cuando Dream Theater empieza a hacer moverse la apisonadora que son, poniendo el vídeo retrospéctico que abarca toda su carrera hasta el día de hoy, e iniciándose con un fragmento de Así habló Zarathustra, pieza de Strauss bastante conocida por casi todo el mundo por figurar en la apertura de 2001: Odisea en el Espacio. Tras este vistoso inicio, comienza el concierto de verdad: Constant Motion arranca con fuerza, y para antes de terminar no sólo está todo Perry cantando, sino que además prácticamente todos los problemas de sonido que se pueden tener al principio de cualquier concierto se ven solucionados, salvo la ecualización de los bombos de la batería, que para mi gusto estaban demasiado a lo burros, pero bueno.

Para que la cosa no decaiga qué mejor forma de atacar el Scenes from a memory tocando uno de los temas estrella: Strange déjà-vu consiguió que diéramos los primeros botes, aunque me da a mí que la tocan más lenta de lo que la tocaban antes, pero bueno, me la suda bastante, porque fuera de eso la canción está perfecta. El grupo ya se va calentando, y se nota: LaBrie ya va a toda potencia, los coros de Portnoy se escuchan bien, Petrucci y Rudess ya han tenido sus momentos y el bajo del chino comienza a ponerse al rojo vivo. Hay que bajar el ritmo, así que llega la primera gran variación con respecto a la gira de verano: Blind Faith, un tema típico del grupo, que maravilla a propios y extraños. Portnoy cada vez se pone más en la batería pequeña, que la verdad, tiene un sonido bastante más bonito en esta versión de su monstruo particular, este Invisible Monster: las medidas grandes tienen buen efecto y suena inmensa, perfecta para la canción actual y para la que viene.

Si os fijáis bien, podréis ver a John Myung sentado en la segunda banqueta de la batería de Portnoy
¿Y qué viene? Nada más y nada menos que Surrounded, pero una versión que ellos llaman Surrounded ‘07. ¿Por qué? Pues porque han decidido actualizarla y lo que antes era una canción de desarrollo normal, cortita y toda la pesca, se ha convertido en un mastodonte de más de diez minutos, con una introducción a cargo de Rudess y Petrucci que ya sí que hizo que al que no tuviera la boca abierta se le cayera la mandíbula hasta los tobillos. Cuando LaBrie comienza a cantar es un momento mágico, y el intermedio no podría ser mejor: fragmentos de Mother de Pink Floyd, Sugar Mice de Marillion, y un solo a cargo de Rudess, que estrena su Zen Riffer en esta gira, dejándonos a todos medio gilipollas. La canción termina igual que empezó, con más fraseos melódicos y atmosféricos a cargo de los dos de siempre. Palabras textuales de mi hermano al terminar la canción: “pues nada, ya está, ya se pueden ir, fijo que nadie se queja“.

Jordan Rudess sembró el pánico entre los guitarristas cuando salió a desafiar a Petrucci en un solo frente a frente xD.
El tranquilo final de esta canción contrasta con el salvaje comienzo de The Dark Eternal Night, canción que pronto pasará a llamarse NADS en mi iPod por dos simples razones: para empezar, era el título original de la canción cuando estaban componiendo el Systematic Chaos, pero es que después de ver el vídeo que acompaña a la canción y entender qué y quiénes son The North American Dream Squad, el cambio es demasiado tentador. Sólo puedo decir que en cuanto se filtre el vídeo en buena calidad lo pondré por aquí, porque es absolutamente grandioso, sobre todo el final, con ese riff que Portnoy califica como el más brutal de todo lo compuesto por el grupo. Acojonante, a estas alturas el público ya está a sus pies y se dejará hacer lo que sea. Obviamente, ese “lo que sea” puede que no incluya asuntos de índole sexual relacionados con el tamaño del bajo (que no los bajos) de Myung, pero sí dejarse tocar Forsaken. Vaya, menudo sacrificio, tener que escuchar uno de los temazos del año (y, curiosamente, la única canción del nuevo disco que soy capaz de tocar por completo xD). Es estupendo que haya pantalla, puesto que así los que ya la habíamos visto anteriormente en directo gozamos de un valor añadido
.
Para que la gente no se cansara demasiado decidieron continuar con algo suavecito, es decir: Take the time, que produjo los mayores botes y empujones de todo el concierto. Este himno de Images and Words no tiene réplica, es la canción que más animó a todo el mundo, y a pesar de la nueva aparición de Jordan con el Zen Riffer en su parte del solo, todos nos quedamos más tontos si cabe con el solo final de Petrucci, que por un momento pareció que iba a ensombrecer el comienzo de la siguiente canción…cosa imposible si tenemos en cuenta que era The spirit carries on. ¿He dicho himno antes? Porque entonces no sé cómo calificar este momento en el que el Palacio de los Deportes de Madrid casi se viene abajo con la emoción de todo el público cantando. Alucinante.
Un monstruo de las seis, siete, veinticinco cuerdas, las que le hagan falta.
¿Quedaba algo por tocar? La gente estaba en éxtasis, no sabían qué podría venir a continuación, y entonces el auténtico gigante de la noche apareció: las dos partes de In the presence of enemies tocadas del tirón, los casi 26 minutos que juntan las dos canciones de sopetón. Bufff, aquello era más de lo que yo podía soportar, porque era junto con Octavarium la que más ganas tenía de escuchar entera. Yo estaba como loco, no me lo podía creer, por mucho que hubiera leído que la iban a tocar sí o sí, me daba igual. Y con ella terminaba todo. ¿O no? ¿No había bastante? Ni de coña, hombre. Salida del escenario y, un par de minutos más tarde, reaparecen Jordan y Petrucci para empezar a tocar algo que a todos nos sonaba, y de esta forma daba comienzo el tema final, el medley con las elegidas para cerrar el concierto: Trial of tears (It’s raining, it’s raining, in the streets of Madrid City
), empalmada a la perfección con Finally Free, escenas del Scenes from New York incluídas. Le seguiría Learning to live, sorpresivamente unida a la parte más macarra de In the name of God, que en su momento de éxtasis desembocaría en la última sección de Octavarium. Los más de veinte minutos de medley terminaron de freír cerebros, y el apoteósico final que supone ver terminar un concierto con la última recta de Octavarium hizo que la gente se diera por satisfecha (aunque yo otras dos horitas de concierto lo habría visto hasta normal).

La banda al completo, hormiga incluída.
¿Con qué me quedaría del concierto? Pues la verdad, no lo sé. Como momentos especiales este último medley, y ante todo con los momentazos que fueron NADS (:D) y Surrounded ‘07. Como músicos no puedo separar a ninguno: de LaBrie me quedo el gustazo que me dio verle callando críticas y arrasando con todo lo que se puso a su paso, del chino me quedo con lo que siempre hay detrás de ese autismo en el escenario, que es su increíble forma de tocar, de Rudess me quedo con mi creencia reafirmada de que es él quien toca todo en realidad mientras los demás hacen playback, de Petrucci con la forma de demostrar que sin control el tocar deprisa no vale absolutamente de nada y con Portnoy me quedo con la confirmación de lo que ya sabía: será un paquete tirando baquetas al aire y luego no siendo capaz de cogerlas, será un payasete que no para de hacer chorradas (y de dar espectáculo, apunto), no será el más técnico de los baterías que hay por ahí sueltos, pero es mi máximo ídolo y sin duda alguna el músico al que más admiro del mundo.
Señores, abran los ojos: ni masturbamástiles, ni pajas mentales para aburrir a la gente y fardar de lo bien que tocan, ni nada por el estilo. Lo que Dream Theater hicieron sobre un escenario (y me consta que lo hacen cada noche que salen a tocar) fue poner los puntos sobre las íes, a demostrar que la técnica al estilo de la música es lo que hace tan especial su música, lo que les diferencia del resto de personas que se creen que por hacer escalas a una velocidad intratable sobre compases imposibles son mejores músicos, y sobre todo lo que los diferencia del resto de grupos. Primero están ellos, y a mucha distancia, los demás.
DIOS
En un par de años los volveremos a tener por aquí, así que hasta dentro de poco. “We’ll meet again my friend, someday soon“.