Hace unos dÃas comentaba lo de si ponerme delante o detrás en este concierto. Al principio estuve muy adelantado, pero decidà que si la gente desfasaba tanto con los teloneros mejor me iba para atrás en el concierto de los Dillinger. Gracias a esa reflexión inteligente hoy puedo afirmar feliz que tengo dientes.

Sorprendente la capacidad de reclamo de este cartel, que llenó una sala Copérnico a la que al menos uno de los grupos no vuelve. Iba con la idea de disfrutar de Poison the Well, de quienes tenÃa buenas referencias, pero curiosamente fue el primer grupo, Stolen Babies, los que más me llamaron la atención de los teloneros: en los escasos 20 minutos que pudieron tocar (chussssta) pudimos escuchar unas composiciones como poco curiosas, bastantes momentos bizarros y bueno, todo hay que decirlo, un rollo de maquillaje que ni me va ni me viene.

Poison the Well estuvieron muy flojos, la verdad, y además no me moló demasiado lo que tocaron. No sé si elegirÃan mal setlist o qué, pero nada, me parecieron bastante endebles. Un poco homos incluso, sobre todo teniendo en cuenta la que se desatarÃa un poco después. A lo largo de su concierto vimos varios momentos de crowd surfing, gente que se iba subiendo ya a alguna plataforma de la sala para caer sobre los demás, etc…pero nada demasiado serio. No obstante, viendo el percal, nos fuimos a una zona donde se veÃa de puta madre y se estaba suficientemente cerca del escenario y lejos de la tangana.

Tangana, pit, zona de guerra, no sé, hay tantas acepciones válidas para el infierno que se desató cuando The Dillinger Escape Plan hicieron acto de presencia en el escenario. Tema tras tema se iba desarrollando un apocalipsis de dimensiones bÃblicas en el que la gente volaba, saltaba, subÃa al escenario (ayudados gentilmente por las mazas de Greg Puciato), cantaba un par de lÃneas y salÃa catapultada de nuevo hacia la gente (una vez más ayudados por la inestimable ayuda de Greg).
La sucesión de canciones era aplastante: tienen alguna canción lenta, que yo sospechaba que era para que el cantante pudiera descansar la voz, pero nada, apenas se olieron: “eso es para mariquitas“, debieron pensar, porque se limitaron a destruirnos poco a poco, sin remisión. Hay grandes momentos a destacar, como el medley de canciones del Irony is a dead scene: sÃ, se echa de menos a Patton, pero la verdad es que poco, porque fue tal la animalada que a uno se le olvidan esos detalles xD. Muchas canciones de Ire Works (y bien escogidas), mucho Miss Machine, y en general, muchÃsima destrucción por todas partes.

Salir de un concierto de estos vivo no tiene precio. Lo que pude disfrutar no tiene nombre, me lo pasé de puta madre gracias a esta pandilla de manÃacos salvajes, y ya tengo ganas de volver a verlos en cuanto me sea posible. Hasta entonces recordaré este momento de Greg Puciato como uno de los puntos álgidos de cualquier concierto que yo haya visto:
Es obvio pensar que no van a volver a tocar en esta sala xD. Ojo hacia el final del vÃdeo, porque cuando el guitarrista aparece de forma inesperada sobre la gente casi se me puede ver al pie de una de las escaleras de la Copérnico…aunque creo que lo interesante no es verme a mÃ, es la hostia que se arrea el colega al tirarse contra la gente.
Grandes, muy grandes.










