Era el inicio de un nuevo milenio. Tú y no yo eras quien estaba bajo aquel cielo peruano, preguntándote en el terror de la media noche el por qué tantos años huecos. Mientras ardÃa mi alma te invité a cenar en la cocina del Infierno, donde tan bien lo habÃamos pasado otras veces, después de pasear por la playa y haber dibujado tantas lÃneas en la arena. Te pedà que te llevaras mi dolor, que aunque fuera me dejaras respirar, sólo eso. Pero no me hiciste caso, y ahora, Anna Lee, tendrás que seguir el rastro de lágrimas hasta el final de la historia. Hasta caer en el infinito.
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