
Grupo: The Mars Volta ![]()
Disco: The Bedlam in Goliath
Año: 2008
Estilo: psicodelia/rock/drogas varias
Web: the mars volta
Andaba yo el otro dÃa en el autobús leyéndome de nuevo Crónicas Marcianas (el libro de Ray Bradbury, a quien cada vez admiro más, nada que ver con el execrable programa que profanó esta magnÃfica novela con su puta mierda televisiva), y como “fondo” llevaba este disco a toda pastilla. En uno de esos momentos del libro en los que se puede apreciar con exquisita parsimonia los efectos de las incursiones humanas en Marte, me hice una curiosa imagen mental: pongamos que en vez de esos primeros colonos que viajan en el libro, hubieran metido a The Mars Volta en una de esas naves. En vez de los efectos que no mencionaré por no destripar nada del libro, me imagino a miles de marcianos bailando en una bestial fiesta lisérgica que se extenderÃa a lo largo de todo el planeta rojo mientras esta banda de hiperactivos reparte mierda de la buena en forma de hierbecitas fluorescentes e improvisaciones de media hora. Me reà y todo, pero da miedo darse cuenta de que es lo que habrÃa ocurrido en realidad.

The Bedlam in Goliath es una fiesta. En vez de recurrir a temas más largos como en Frances the mute (cinco canciones, una de ellas de más de media hora de duración) o a una combinación de unos muy largos y otros más normales (Amputechture, que cada dÃa que pasa me parece mejor, si es que eso es ya posible), nos encontramos con una colección de canciones con una duración mucho más corta (alguna se sale de madre, pero pocas) y muy cañeras todas. Rápido y al grano, vaya, pero sin dejar de tener la marca de la casa en cada canción.
El argumento tiene gracia:
- TÃo, mira lo que te he traÃdo de mi viaje a Jerusalén.
- ¡Eeeey, es una tabla de ouija!
- SÃ, la và y no pude evitar pensar en tÃ. ¿La probamos?
- Venga, me lÃo dos toneladas de porros, llamo al del camión a que me traiga el cargamento de maruja para esta tarde y nos ponemos con ello, a ver si invocamos a algún espÃritu.

Pues sà parece que lo invocaron, sÃ: aunque la música estaba completamente compuesta desde mucho antes de sacar el disco, las letras surgieron por mandato de la tabla, cuyo uso, al parecer, “se les fue de la manos” tras realizar unas cuantas invocaciones. The Soothsayer (El Adivino), como la llaman ellos, dictó lo que ellos debÃan decir en el disco. Incluso llegó a producir fenómenos paranormales, los cuales llegaron a hacer desaparecer pistas grabadas del ordenador frente a los incrédulos ojos de los músicos. Y luego que ya no se drogan. Claro.

Porque claro, me niego a pensar que detrás de todo esto no haya droga. Mucha droga. Cantidades industriales de pura y bendita droga, que se acumula en los cerebros de estos genios para inspirarles cosas que ninguna persona cuerda, sobria y limpia de sustancias alucinógenas de cualquier tipo podrÃa siquiera concebir en sueños. Como todos sus discos, The Bedlam in Goliath presenta estructuras imposibles y secciones completamente alocadas, pero también muestra la cara más comedida de The Mars Volta, con un álbum relativamente más accesible, más centrado y muy bien estructurado. De todas formas, siguen siendo necesarias muchas escuchas para digerirlo.

Excesivos, histriónicos, experimentales, lisérgicos, ampulosos, afectados, drogados, inspirados, como quiera que se los catalogue, The Mars Volta siguen sacando discos fuera de la onda habitual. O los amas o los odias, no tienen término medio. Y este disco no es una excepción. Cuidado con ellos, porque siguen sacando discos increÃbles cuando a muchos otros la inspiración les habrÃa abandonado hace tiempo.
Y que vivan las drojas.

















