Al penetrar en el sórdido Mesón del Surtidor se encontraba uno en un vestíbulo amplio y bajo de techo, rodeado de alfarjes anticuados que recordaban las armaduras de un viejo barco desmantelado. A un lado colgaba un enorme cuadro pintado al óleo, agrietado y desconchado por todos lados, el cual, a la deficiente luz que se le veía, sólo por medio de un minucioso examen, amén de cuidadosas investigaciones entre la vecindad, podía brindar una explicación de su significado y propósito. Abundaban en él acumulaciones tales de sombras y penumbras, que al principio casi se podría considerar la obra de algún atrevido pintor joven de la época de las brujas de Nueva Inglaterra, que intentara expresar el caos del aquelarre. Y al fin, a fuerza de mucha contemplación y de serias reflexiones, y sobre todo tras abrir el ventanuco del fondo del vestíbulo, llegábais, por último, a la conclusión de que tal idea, si bien atrevida, no dejaba de tener verosimilitud.
Pero lo que más os desconcertaba y aturdía era la negra masa de algo blando y portentoso, que se alzaba en el centro del cuadro, sobre tres líneas azules, sombrías y perpendiculares, flotando en una espuma indescifrable. En suma, una intrigante pintura, en verdad, suficiente para aturdir a un hombre nervioso. Y, sin embargo, había una especie de sublimidad indefinible e inimaginable, casi lograda, en aquel cuadro, que os dejaba en suspenso, hasta que os juramentábais de modo involuntario para descubrir el significado de la maravillosa pintura. De cuando en cuando, fulgurante, una brillante pero ¡ay! decepcionadora idea os cruzaba la mente. El Mar Negro a medianoche, en una borrasca. Un combate, contra Natura, de los cuatro elementos primarios. Un fuego asolador. Una fantástica escena de invierno. El romperse de los helados límites de la corriente del tiempo…pero al final, todas estas conjeturas llevaban a aquel portentoso algo del centro del cuadro.
Una vez aclarado este algo, el resto del cuadro se veía claro. Pero, ¡parad! ¿No guarda cierto parecido con un pez gigantesco? ¿Acaso el Leviatán mismo?
De hecho, el dibujo del artista parecía lo siguiente: una teoría final mía, debida en parte a la aquiescencia de muchas sesudas personas, con las que conversé sobre el tema. El cuadro representa un habitante del cabo de Hornos durante un huracán. El casi sumergido barco, allí, con sus tres mástiles desmantelados, lo único visible. Y una ballena exasperada, proponiéndose saltar de lleno sobre la embarcación, está a punto de cometer la enorme acción de espetarse a sí mismo contra los tres mástiles principales.
Aunque parezca increíble, nunca había leído Moby Dick. Estoy comenzando ahora y es imposible que no me traiga a la cabeza determinados momentos de Leviathan, un disco considerado como una de las grandes obras del metal moderno, que vino de mano de Mastodon y que ya ha sido mencionado en el blog. Me gustaría aprovechar que el álbum está basado en el concepto de la obra de Melville para ver si puedo comentar coincidencias y otros momentos que evoquen a la novela. Novela que, por cierto, me está encantando. Os dejo con el tema que abre el disco, cuya letra recomiendo que sigáis para poder aprovechar aún más la tira cómica que he encontrado relacionada. Así, ya que estoy, mato dos pájaros de un tiro, y saco la primera coincidencia libro/disco además de poder poner algo bastante perturbador.

Qué mal está la gente, copón xD.





























